
Llegas a tu espacio de meditación, te sientas, cierras los ojos, quizás pones una música suave. Inhalas, exhalas. Todo parece ir bien, la calma empieza a flotar en el ambiente. Y entonces, la mente, juguetona y siempre buscando atajos, te susurra: “Ahora sí, que empiece a suceder la magia. Que…


