
Las energías renovables no son perfectas.
El viento no sopla con la misma fuerza todos los días y el sol desaparece por la noche.
Las baterías que conocemos son buenas para guardar electricidad durante unas horas, pero utilizarlas para abastecer a un país durante semanas de frío, lluvia o poca generación sería demasiado costoso.
Existen otras opciones, como el hidrógeno, para almacenar energía durante largos períodos. Sin embargo, este gas es difícil de manejar y requiere infraestructura costosa.
Ahora, investigadores en Alemania estudian una alternativa mucho más común: utilizar hierro para conservar la energía durante meses.
¿Será posible guardar la electricidad del sol y del viento en enormes depósitos de metal?
Cómo es posible convertir la energía renovable en metal
El protagonista de esta transformación es el hierro.
Puede parecer extraño, pero el proceso es más sencillo de lo que parece.
Cuando los paneles solares y los aerogeneradores producen más electricidad de la necesaria, esa energía sobrante puede utilizarse para fabricar hidrógeno.
Después, el hidrógeno permite retirar el oxígeno del óxido de hierro. Al finalizar el proceso, queda hierro metálico que puede almacenarse durante largos períodos.
Ese hierro funciona como una reserva de energía.
Puede guardarse y transportarse sin necesidad de los grandes depósitos a presión que requiere el hidrógeno.
Cuando aumenta la demanda de electricidad, el hierro puede utilizarse nuevamente para producir energía.
Al quemarse, genera calor que permite producir vapor y mover turbinas. Durante este proceso, el hierro vuelve a convertirse en óxido y puede comenzar nuevamente el ciclo.
Una de las principales ventajas es que el hierro no libera dióxido de carbono durante su combustión.
Pero hay otra característica que podría ser todavía más importante.
Puede permanecer almacenado durante meses sin perder la energía química que contiene.
Una segunda oportunidad para las centrales de carbón
Aquí aparece una de las posibilidades más interesantes de esta tecnología.
El hierro pulverizado tiene algunas características de combustión similares a las del carbón utilizado en las centrales térmicas.
Esto significa que algunas instalaciones que deberán cerrar durante la transición energética podrían tener una segunda oportunidad.

En lugar de desmantelar por completo centrales que costaron miles de millones, sería posible aprovechar parte de sus turbinas, generadores, conexiones eléctricas e infraestructura.
Por supuesto, la transformación no sería sencilla.
Serían necesarios nuevos sistemas para transportar y manejar el polvo metálico, controlar la combustión y recuperar el óxido resultante para volver a utilizarlo.
Aun así, aprovechar parte de la infraestructura existente podría reducir algunos de los obstáculos para desarrollar sistemas de almacenamiento energético a gran escala.
El verdadero valor de guardar energía durante meses
Esta tecnología también tiene una desventaja importante.
Cada transformación provoca pérdidas.
Primero, la electricidad renovable se utiliza para producir hidrógeno. Después, ese hidrógeno permite obtener hierro metálico. Finalmente, el hierro debe volver a convertirse en calor y electricidad.
Por eso, este sistema no pretende competir con las baterías convencionales para almacenar energía durante unas horas.
Su verdadero valor está en otro lugar.
Una gran cantidad de hierro puede permanecer almacenada durante meses y estar disponible cuando llegue un período prolongado de poca generación solar o eólica.
Esa podría ser la gran diferencia.
El hierro no tiene que convertirse en la forma más eficiente de guardar electricidad.
Solo tiene que demostrar que puede conservar enormes cantidades de energía durante meses a un costo suficientemente bajo.


